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Primeras novelas policiacas españolas

Edición de 1916 de El misterio del Kursaal.
En las primeras décadas del siglo XX aparecieron, tras los antecedentes de los que ya hemos hablado, en las numerosas colecciones de novela corta de la época, las primeras novelas del género de autores españoles:
José Francés intentó conjugar el relato erótico corto, entonces de moda, con la novela de enigma, en 1911 (como La gota de sangre de Pardo Bazán), en El crimen del Kursaal, que en 1916 se publicó como El misterio del Kursaal. Otro de los llamados novelistas menores de principios de siglo, también cultivador del género erótico y de la novela humorística, Joaquín Belda, fue el primero en escribir una novela policiaca larga española: ¿Quién disparó?. Se publicó en 1914 (Jose F. Colmeiro fecha en 1909 una tercera edición de esta novela, lo que la haría anterior a La gota de sangre de Pardo Bazán), protagonizada por Gapy (Agapito) Bermúdez, abogado que llegó a ser gobernador civil de Lugo y prestigioso detective amateur en Madrid, cuyas aventuras deductivas continuarían un año después en Una mancha de sangre. Bermúdez es más una parodia de detective - la parodia implica el conocimiento por el público en general de lo parodiado - que un detective, pero es español y sus aventuras están "escritas indudablemente para lectores españoles sin intención de imitar personajes extraños", escribe Vázquez de Parga en su La novela policiaca en España. [Después de publicar esta entrada, en julio de 2012, se ha publicado este muy interesante artículo sobre el humor paródico en las primeras novelas policiacas españolas].
El extenso cultivo de la novela corta en las revistas literarias de las primeras décadas del siglo no supuso un gran variedad de géneros Y así, sólo dos personajes, de entre tantas novelas, se deslizaron por los enigmáticos senderos del crimen: El Duende de la Colegiata y Juan del Duero.
Adelardo Fernández Arias prestó su seudónimo periodístico, El Duende de la Colegiata, al protagonista de La mujer del muerto (1912), un detective aficionado que resolvía los problemas de los ricos madrileños. Su método deductivo distaba bastante de las exhibiciones intelectuales de Holmes:
seguía a la mujer oportuna, se hacía presentar, la conquistaba al estilo de la época y finalmente, cuando la tenía sometida, le extraía por las buenas la verdad sobre los hechos que le interesaban" (Vázquez de Parga La novela policiaca en España).
Este autor publicó varias novelas sobre espionaje en 1932 y, posteriormente, con variados seudónimos un amplio puñado de novelas policiacas de las que hablaremos en otro momento. 
Juan del Duero fue el primer ladrón profesional de la novela criminal española y ciertamente, salvo en su profesión, no se parecía en nada a sus colegas extranjeros" (Vázquez de Parga, La novela policiaca en España).
Sus aventuras las narró en 1913 Prudencio Iglesias Hermida en El asesinato de Sarah Bernhard y después entre 1917 y 1918 en De caballista a matador de toros, Nuevas hazañas de Juan del Duero, De Madrid al Cairo y Un robo en el Vaticano. Juan del Duero era un personaje simpático, culto, educado y sin moral que vivía de la estafa, eso sí, hecha con arte.
Otros autores y títulos policiacos de la época son: Antonio Pedrosa, que publicó El alma de don Quijote en 1916, abordando el género con humor, Vicente Díez de Tejada, autor de El crimen del Cajigal (1918) y ¿Quién mató a Pedro Juan? (1931), Rodolfo Martín, Los piratas del aire (1910), Francisco de Cossío que escribió Los experimentos del doctor Hanson (1911), Manuel A. Bedoya, autor de la serie de novelas Mack-Bull contra Nik-Arter. Aventuras de un millonario detective, que comenzaron a publicarse en 1914, Juan Bautista Bergua, que publicó las aventuras del detective Mac Kena en El Imparcial, Luis Antón del Olmet, El príncipe asesino (1922), Emilio Carrere, La torre de los siete jorobados (1924), Rata de hotel (1927), Alberto Insúa, Un asesino impecable (1927), Enrique Jardiel Poncela, Las siete novísimas aventuras de Sherlock Holmes (1928), Wenceslao Fernández Flórez, Un cadáver en el comedor (1936), etc. 
Debemos destacar aquí el éxito que durante el primer tercio del siglo obtuvieron en España las dramatizaciones teatrales de las aventuras de los héroes de las novelas policiacas extranjeras. Mucho contribuyó el teatro a la difusión del género criminal en España. La mejor prueba de tal éxito es la publicación, a partir de 1918, de la colección "La novela policiaca", que, a pesar de su nombre, publicó obras teatrales, ya estrenadas, de autores españoles que, como hemos dicho, recreaban las aventuras de Sherlock Holmes, Raffles, Fantomas, etc.

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