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Novela criminal

Hemos repasado en entradas anteriores la génesis y la historia del género. Ahora conviene que aclaremos términos y conceptos pues esta novela, 2ha recibido distintos nombres a lo largo de su historia y es designada incluso de diferentes maneras en las diversas naciones" (Jose Ramón Valles Calatrava, La novela criminal española).
Se le ha llamado novela policiaca, novela de intriga, novela negra... y estas etiquetas se han usado indistintamente. En otro momento, quizá, entremos en ver cómo se han expuesto estos términos teóricamente. Nos conformaremos ahora con explicar cuál es el que debemos preferir para referirnos a este género novelístico del que nos ocupamos aquí:
"Criminal". Ese es el término para denominar a este género sin ir más allá de sus límites y sin excluir ninguno de sus, digamos, subgéneros. Ya lo adivinaba el prestigioso catedrático de Derecho Penal Juan del Rosal cuando a su ensayo sobre este género lo llamó Crimen y criminal en la novela policiaca, en 1947, pues entendía que - lo explica en el primer capítulo - la esencia del juego que exponen estas novelas es el crimen y el criminal.
Como dice Juan Madrid en la introducción a Cuadernos del asfalto lo que de común hay en estos distintos tipos de novelas, de subgéneros, es su estructura interna, que explica en "Sociedad urbana y novela policiaca" en Juan Paredes Núñez, La novela policiaca española:
Estructura que se fundamenta en la existencia de un hecho criminal, en la consiguiente investigación de tal hecho y en la resolución de dicha investigación, que explica el crimen. Esta estructura es, a mi juicio, la que diferencia una novela policiaca de otra en la que aparezcan crímenes o el delito".
Estructura interna sobre la que se construye un esquema narrativo:
el crimen, sería el revulsivo desencadenante de acontecimientos que, al caer en un ámbito dado, precipitaría una carambola de reacciones en cadena. Se acentúan las pasiones, se exacerban los odios y las desconfianzas, aquellos que tienen algo que ocultar se sentirán más acechados e inseguros que nunca, etc. El investigador es alguien extraño a este ámbito. Narra la historia en primera persona, favoreciendo que se identifique con él el lector (de quien se supone que también desconoce el mundo que se le presenta). Para descubrir el enigma planteado, el investigador tiene que empezar averiguando cómo funciona esta parcela del mundo, qué papel juega en ella cada una de los personajes, y se pone a hacer preguntas, desde las más elementales ("¿usted quién es? ¿en qué trabaja? ¿en qué consiste su trabajo? ¿de qué conocía al muerto?") hasta las más íntimas, lo que para el autor es la forma más conveniente de llevar a cabo la presentación de los personajes. La exposición de mentiras y ocultaciones y las relaciones entre los dramatis personae urdirán una trama (un nudo) donde, a la vez que descubrimos los entresijos o paradojas que pretendíamos desde un principio, se acrecienta el interés del lector, que prosigue la lectura interesado, entre otras cosas por la resolución del enigma. Resolución que deberá ser lo más sorprendente y gratificante posible para el lector".
Este esquema, nos dice Andreu Martín en "La novela policiaca/negra como hecho lúdico" en Juan Paredes Núñez, La novela policica española, actuaba al principio como un juego intelectual en el que el crimen era responsabilidad exclusiva de quien lo comete. Pero este juego no podía ser aceptable cuando los gángsters campaban por las calles norteamericanas, entonces este esquema narrativo pasó a tratar el crimen como síntoma que delata graves problemas sociales, y el soborno y la extorsión ocuparon el papel que en la novela enigma jugaban los venenos exóticos y los relojes trucados.
Ahondando un poco más en la evolución del citado esquema narrativo seguimos las palabras de Salvador Vázquez de Parga en "Panorama internacional de la novela negra", Quimera, nº78/79:
Desde hace casi 150 años el género criminal, lo que en otro tiempo se llamaba popularmente novela policiaca, viene desarrollando ese esquema repetido con una variedad narrativa, combinando el orden de las piezas que lo componen, mezclándolas con las de otros esquemas, adoptando nuevos puntos de vista estilísticos o ideológicos, introduciendo elementos nuevos y adaptándose a las circunstancias de cada momento histórico, de tal modo que lo que desde su nacimiento parecía próximo a agotarse, renace a cada momento y adopta formas insospechadas.
A lo largo de su devenir histórico la novela criminal ha planteado sucesivamente, con relación al crimen, tres incógnitas como clave o sustancia del género, cada una de las cuales admite en su respuesta innumerables soluciones. La primera de estas incógnitas - "¿Quién lo hizo?" - fue la base de la novela policiaca clásica; es el enigma mantenido a lo largo de toda la narración que desemboca ineludiblemente en una solución mejor cuanto más inesperada. Averiguar la identidad del autor de los asesinatos (...) constituye el núcleo originario de aquel esquema tantas veces repetido. (...) En un momento posterior, una segunda pregunta íntimamente ligada a la primera vino a añadirse a ésta, y junto a "¿quién lo hizo?" se trato de averiguar "¿cómo lo hizo?". Esta segunda pregunta se convirtió pronto en la clave del enigma: sólo sabiendo el "cómo" se podía llegar a descubrir el "quién" (...) Finalmente, en un tercer estadio histórico, el definitivo por el momento, apareció una nueva incógnita - "¿por qué lo hizo?" - que es la que aún hoy día mantiene la vigencia de la novela criminal sin olvidar la atenuada persistencia de las otras dos. Despejar esta incógnita supone descubrir las motivaciones del crimen y abre al escritor de novelas policiacas un amplio haz de posibilidades de todo tipo que inciden en la psicología, en la crítica social, en la sociología, en la plasmación histórica, en la biología, en la política nacional e internacional, materias todas que pueden tener así cabida en la novela criminal propiciando una lúcida visión, crítica, conformista o partidista, de los problemas de nuestro tiempo, elevando en ocasiones la validez literaria del género, extraño ya al refinado pasatiempo para ociosos cultos en que llegó a convertirse en otro tiempo. La nueva incógnita permite a la novela criminal adoptar una óptica nueva y distinta. El crimen, así, puede dejar de ser algo personal y privado, algo objetivo que afecta a un reducido número de personas, algo que se observa de forma fría y aséptica; el crimen ha pasado a ser un fenómeno social que afecta a todos y que se examina apasionadamente porque incide en una realidad (...)". 
Es decir, el término "novela criminal" parece el más apropiado para referirse un género novelístico en cuya historia encontramos dos modelos bastante diferentes, la novela policiaca (que nos ofrece un enigma y su resolución por un investigador, de clara superioridad intelectual, que interroga a los distintos sospechosos hasta encontrar en el más inesperado al culpable) y la novela negra (que nos muestra el delito como consecuencia de las estructuras sociales del capitalismo, con un estilo tan duro y violento como sus personajes), pero que tienen como rasgo común y a la vez definidor la aparición de un crimen y la resolución de las interrogantes que tal hecho criminal plantea. La novela policiaca clásica, o de enigma, nace de una sociedad burguesa en pleno desarrollo, que se siente segura. La novela policiaca es reflejo de esa seguridad; sus inteligentes detectives, que velan siempre por el orden de la vida burguesa resuelven todos los casos a los que se enfrentan. El mensaje es claro: el criminal nunca gana. El lector puede estar tranquilo, el crimen es poco más que una anécdota que, cuando aparece, la policía resuelve con facilidad asegurando el buen orden social. Por el contrario, la novela negra, que surge allí donde el capitalismo ha alcanzado su mayor desarrollo - los Estados Unidos de los años veinte, la Europa de la segunda postguerra, la España de los ochenta -, nos muestra el crimen como producto de la corrupción, que es la esencia del capitalismo. 
Los dos subgéneros principales de la "novela criminal", la "policiaca" y la "negra", 
presentan dos visiones del mundo contrarias y aparentemente irreconciliables entre sí. Ambos contienen en el plano estético, aunque en diferente grado de importancia, la fórmula de la investigación como juego formal, pero es en el plano ético donde las diferencias entre estos dos subgéneros se hacen abismales, y por consiguiente, donde se definen cada una de ellos".
Jose F. Colmeiro se refiere en la cita anterior - tomada de La novela policiaca española. Teoría e historia crítica - a los distintos códigos éticos de sus protagonistas, que son consecuencia de sus respectivas confianza y desconfianza en las estructuras sociales.

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