La novela negra
El color de la novela criminal en Europa era el amarillo; lo empleó primero la editoral Mondadori en Italia a partir de 1929 en la colección Il Giallo Mondadori, que todavía hoy sigue publicándose. En España, Molino lanzó en 1933 la popular y célebre Biblioteca Oro, que, dividida en tres series, dedicaba la amarilla, a la novela policiaca.
Pero, en 1945, cuando al término de la Segunda Guerra Mundial, la novela enigma, con su juego intelectual y su "limpia" sociedad, no resultaba demasiado apropiada para el lector europeo, la editorial francesa Gallimard, en homenaje a Black Mask, inició, por iniciativa de Marcel Duhamel, la colección Série Noire (en la imagen la cubierta del primer número; Peter Cheyney, La Môme vert-de-gris). En ella recogió, junto a títulos de autores policiacos ingleses, las obras de Hammett, Chandler y sus seguidores: la primera novela de autor norteamericano publicada por la Série Noire fue, en 1946, Los sudarios no tienen bolsillos, de Horace McCoy. Llegó así a Europa la nueva modalidad de novela criminal que había nacido en los pulps norteamericanos de los años veinte, mientras en Europa triunfaba la novela policiaca de enigma. A partir de entonces a esta modalidad, y tomando el adjetivo del nombre y las cubiertas de la colección, se ha denominado en nuestro continente "novela negra", mientras en Estados Unidos sigue denominándose, como en sus inicios en la época de entreguerras, hard-boiled (duro de pelar), denominación que hace alusión a la personalidad de los detectives que la protagonizan.
La novela criminal ha venido a ocupar desde las últimas décadas el lugar dejado por el realismo social. La novela negra es, básicamente, una novela realista que escarbando en el mundo del crimen testimonia la podredumbre de la sociedad capitalista, a la que la corrupción es consustancial. (Véase lo absurdo de emplear indistintamente los términos "novela negra" y "novela policiaca": La novela "enigma", o policiaca, nació, en la Inglaterra victoriana, en defensa de la ley y el orden, demostrando cómo todo el que se sale de las reglas de la sociedad, el que rompe con lo establecido - el criminal - acaba siendo indefectiblemente descubierto y, consiguientemente, pagando su culpa, restaurándose entonces el orden vulnerado por el enemigo público. No obstante, hay también una corriente de novela negra, desarrollada fundamentalmente en los años treinta, que no es que defienda el orden establecido, sino que propugna valores fascistoides, como los que encarna, por ejemplo, el detective Mike Hammer, creado por Mickey Spillane en Yo, el jurado). Pero, a diferencia de la novela social, la novela negra no pretende denunciar nada, y menos transformar el mundo, se limita a poner ante los ojos del lector, crudamente, lo que el capitalismo guarda en sus alcantarillas. En la novela negra, como no hay denuncia sino testimonio social, no hay protagonista colectivo sino individual. Como no hay pretensión alguna de defender el orden legal, en la novela negra frecuentemente el protagonista es el criminal, y el crimen tiene tantas posibilidades de triunfar como tiene en la vida real."Este estilo nervioso, realista, despojado y conciso está reflejando mejor que ningún otro las profundas transformaciones sociales de esa etapa de la sociedad capitalista" (Juan Madrid, “Sociedad urbana y novela policiaca” en Juan Paredes Núñez, ed., La novela policiaca española).

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